viernes, 12 de abril de 2019

LOS DELFINES EN SEVILLA.

A mi edad creo en pocas cosas, pero hay algunas que me llaman la atención aunque ocurrieran en el siglo XIX.

Contaba A. Machado que, un día despistados dos delfines por la marea alta, subieron por el Guadalquivir hasta Sevilla, acudió media ciudad a ver este fenómeno, y allí se conocieron los padres de los Machado, es curioso dos delfines y dos poetas nacerían tras ese encuentro.

Como una profecía que se dilató en el tiempo, la vida separó a los hermanos, como todas las guerras civiles, pero los dos delfines se abrazaron a la poesía como los percebes a la roca, Antonio padre y doña Ana, tuvieron al parecer cinco hijos, pero vieron sólo dos delfines.

En aquél tiempo nacieron otros dos hermanos que se inclinaron a las letras escénicas los Quintero.

Hasta en los 22 días de exilio Antonio recordó a los delfines, agonizando con doña Ana.

Antonio quiso siempre vivir en un puerto de mar, nunca vivió, aunque si murió.

La abuela Cipriana, que les enseñó a escribir, que les despertó el intelecto, desconociendo la historia de los delfines, por qué se inclinó hacia estos dos nietos, aunque amara igual a los otos tres.

Doña Cipriana, ayudo a su hijo Demófilo a recopilar el folclore Andaluz y Extremeño, muchas de las coplas que hoy escuchamos, las descubrió Machado padre y las sacó de la oscuridad, y entre fandanguillos,soleás y peteneras, los dos delfines humanos aprendieron el ritmo poético.

Quizás no existan las profecías, quizás los Machado, lo tomaron como debió de ser, una anécdota de la naturaleza que alumbró un amor.

Y hasta aquí llego, a Leganés que es donde escribo, no hay que darle mucha agua literaria, aunque sólo sea, para que sin deshidratarse, tenga un exceso de Urea, para hidratarse debidamente, tiene otros poetas más líquidos.
Así nace el amor, y no sabemos por qué la historia.

JOSMAN

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