lunes, 13 de julio de 2009

DE LO PERDIDO A LO ENCONTRADO.

Un día vi en una mesa a un anciano conocido, estaba jugando a un solitario con una baraja española, jugaba por inercia, pero me pareció que meditaba, como si viera la película de su vida, con sus tristezas y alegrías, me daba la sensación de que éste octogenario que por su edad podía haber perdido la virilidad, y además, era viudo; entendí tras dialogar con él un instante que, aquella reflexión, le hacía encontrarse más intensamente, porque tenía todo el tiempo del mundo hasta que llegara su muerte, me recordó a mi padre con su misma edad, abrigado por otro placer ajeno al sexual y a los demás carnales, se abrigaba en su intelecto y saboreando sus pensamientos, rumiándolo una y mil veces. Y me ví a mi mismo, tan impotente y tan sólo como él, y al tiempo esperanzado.

Siempre se encuentra el sosiego cuando el tiempo se nos acaba, pero un minuto de solitario por meditativo, encierra todo el universo vivido y sufrido.

Nada más triste para el hombre

que darse cuenta que sólo tenía

el valor de un pene erecto,

cuando pensaba que ahí radicaba el amor,

y se da cuenta que tan sólo

ha tenido un desamor acumulado;

una ceguera ilustrada e imaginaria.

El hombre empieza a despertar

cuando empieza a ver dormir

algunos órganos de su cuerpo,

y es entonces, cuando le da tiempo

a reflexionar sobre lo perdido

y lo encontrado súbitamente.

Cuando el hombre pierde el poder

de la pasión carnal que le exigen

y se exige en un imposible,

Se desnuda el alma, observa

y medita sobre otros placeres,

quizás algo disfrazados de misticismo

y se abriga con el otro placer,

en el de saber que existe, y que,

en esa existencia, está lo mejor del ser.

Leganés, 13 de julio de 2009

José Manuel García García (JOSMAN)

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