jueves, 9 de julio de 2009

¡DIOS MIO, QUE DIPUTADOS!

Dicen los agricultores que en toda tierra de garbanzos, siempre surgen garbanzos negros, sin encontrar una explicación no científica, en mi infancia, curiosamente ante el cocido madrileño, mi hermano Rafael y yo, discutíamos por el garbanzo negro y el hueso de caña.
Hoy me recuerda eso en los políticos, pelean por culpar al contrario de un garbanzo negro en sus filas, o un "Hueso de caña", que aprovechan para dar caña al contrario.

Pero lo peor de todo es el espectáculo que dan a los ciudadanos, que descargamos nuestro enfado en estas páginas.
Tenemos una clase política de garbancero manchego, de sastrería a medida, del eterno "Hueso de caña".
Son pocos gracias a Dios, pero esos pocos enfadan a muchos y entre esos muchos estoy yo.

Hoy trabaja la justicia,
con presuntos aforados,
la justicia de los ricos
superior, suprema, ¿acaso
porque son de otra clase,
clase altiva y disfrazados
de corderos, fieros lobos.
¡Dios mío, que diputados!

Si Hernández hoy los viera (1)
fanfarrones e imputados
por presuntos trincones,
con sus trajes provincianos
y ojos de sacrosanto
salpicados por el fango.

estos que me negaron libertad
sentados en sus escaños,
cuando pedí dignidad
contestaron con mil rayos,
con una ley infumable
propia de un siglo pasado.

¿Y preguntáis por qué escribo?
cuando os miro imputados,
vosotros padres del pueblo,
presuntos y presuntando
os sueño tal como sois,
demonios atormentando,
sois a veces como buitres
carroñeros por avaros.

(1) Poeta Miguel Hernández

JOSMAN.






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