sábado, 5 de febrero de 2011

LOS BUITRES.

Buitres leonados.

He visto los buitres sobrevolar, primero en mi familia, después, en otra cercana, son animales carroñeros ante cadáveres que emprenden el viaje al sueño eterno.


En Leganés, se afincó un agricultor castellano, de la Castilla alta, que, siendo de clase baja acomodada, tenía ciertos pegujales que, año a año, le daban unas monedas, de las cuales solía ahorrar una parte.



Vivía en lo que él llamaba, bienestar, cuando los años le vencieron en la edad anciana, falleció, dejó viuda y seis hijos, no se había enfriado su cuerpo cuando, los varones corriendo a las entidades financieras, bloquearon sus cuentas corrientes y de ahorro, sin que antes se les olvidara recoger lo que les pertenecía por ley.


El bloqueo de las cuentas bancarias, dejó a la anciana viuda, al pairo de su parte legítima y su pensión arnaríl y zapateríl, y, la vida de ésta se prolongaba, como si la natura o la divinidad siguieran con exactitud el cuentagotas de sus ahorros mermantes.


Y ahora, en este hoy, que, ya no suenan a difunto las campanas del Salvador de Leganés, un rayo mudo, ese, que tiene la frialdad de la telefonía móvil, les llamó a los dos hijos varones, como convocaban a la aristocracia los reyes absolutos.


Y hoy, llegan los buitres, y yo, que no soy soberano, ni parte, ni arte, me alejé, dejando a los carroñeros frente a frente del cadáver.



Ya danzan los negros buitres
en la muerte de la tarde...



Mariposean astutos,
de cuantos euros reinantes,
guarda el viejo serón
de esa banca menguante,
desde lejana posguerra
hasta éste hoy agonizante.



Los hijos se vuelven buitres...
¡Ay, la cuna meceante!
duerme en el viejo desván...
¡La vida no es como antes!



La inocencia de la infancia
se torna afán devorante,
y, con alas fantasiosas,
surcan montes, ríos, mares,
brújulas dinerarias
tras el hedor del cadáver,
tras de sus cuentas corrientes
y el dinero vomitante:



¡Ya danzan los negros buitres...
es la muerte, inevitable...!


Y un diálogo sordo inundó Leganés:

Madre, ¿te queda dinero?
¡hijo, tan sólo lo justo
que me cobra el viento!



Madre, ¿dónde te marchas?
dónde el dinero no vale,
ni existen ganancias.



Hijo, ¿tienes lo tuyo?
te dejo vestido,
te traje desnudo.


Tierras, casas, parcelas,
que al tragarlo todo
por fin, si revientas
te vengas conmigo
al nicho que encierran
mis huesos cansados
que no son riqueza...





Leganés, 5 de febrero de 2011

José Manuel García García (JOSMAN)





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