jueves, 3 de noviembre de 2011

¿DE MONTOYA AL ABAD VIRILA?

El ex-alcalde Rafael Gómez Montoya, se nos ha marchado a la empresa privada, y lo que es privado no se debe comentar, ni opinar sobre ello, por tanto yo sólo opinaré de su actividad como cargo público, concejal y portavoz del grupo socialista de esta Casa “Con---istorial”, como dice mi amigo Mariscal.

Lo que me preocupa de Rafa en lo político, en lo público es que, le pase lo que al abad Virila del Monasterio de Leyre en Navarra, que como indica su leyenda o realidad, estuvo tres siglos escuchando el canto “celestial” de un ruiseñor.
Y volvió tras el sueño de los justos al citado monasterio diciendo que él era el abad del mismo.

¿Volverá Montoya, tras el canto celestial y privado? ¿volverá creyendo ser todavía el alcalde, para decirle a Jesús Gómez Ruíz, aquello que dijo Diógenes al Rey Alejandro el Grande de Macedonia. “Quítate de delante que me quitas el sol”?

¿Leyenda o realidad? A mí hace unos días me lo contó un vecino de aquellas tierras navarricas de belleza singular, también lo cuentan los monjes, esos monjes que sin tener que ver nada con el Rey Ramiro II el monje, fue aquél que cortó las cabezas de los nobles de su reino, como si fueran coles, asesorado por otro abad histórico.


¿Volverá Montoya a la alcaldía, como los cangilones de una noria?

Yo que soy viajero forzado, he estado en Navarra, y he pensado en él; en su futuro político, y en el románico vertical de la historia, justo allí en el bosque eterno de un reino de las españas, he escuchado al ruiseñor, y lo breve de los gobiernos en este tiempo que parece que se ha parado, y que nos envejece a todos, al tiempo amigo Montoya que nos eterniza como a Virila.




Leganés, 3 de noviembre de 2011




JOSé MANuel García García (JOSMAN)


Véase en: http://www.sapiens.ya.com/rojea/camino/27.htm

“San Virila fue un monje nacido en las inmediaciones del monasterio, del que llegó a ser abad. Fue hombre muy preocupado por el más allá. El relato refiere una leyenda, pero su figura histórica esta perfectamente documentada en el Libro gótico de San Juan de la Peña (fol. 71). Mantenía el bueno del abad tremendas dudas sobre cómo sería el gozo de la eternidad. Es así que un día de plenitud primaveral se interna en el bosque cercano con estas meditaciones que leía en un libro. En la espesura del bosque aparece un ruiseñor, que con sus trinos distrae su atención de la lectura escatológica, apartándolo hasta una fuente. Allí queda prendado del canto del pájaro, hasta que se adormece. Cuando se despierta la naturaleza había cobrado nueva vida y no encuentra el camino de vuelta, hasta que al fin lo reconoce y al monasterio al fondo, que ahora es más grande, con iglesia mayor y nuevas dependencias que no comprende. Al llegar a la portería e identificarse, nadie le reconoce. Buscando en el archivo del cenobio encuentran un abad Virila "… perdido en el bosque …", pero hacía trescientos años. Es entonces el monasterio una revolución por el milagro acaecido, y en pleno Te Deum de acción de gracias se abre la bóveda de la iglesia y se oye la voz de Dios "… Virila, tu has estado trescientos años oyendo el canto de un ruiseñor y te ha parecido un instante. Los goces de la eternidad son mucho más perfectos …". Un ruiseñor entra entonces por la puerta de la iglesia con un anillo abacial en el pico, y lo coloca en el dedo del abad, que lo fue hasta que Dios lo llamó a comprobar la gloria eterna”.
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