miércoles, 8 de febrero de 2012

POLÍTICOS Y ECLESIÁSTICOS.

Un día de tantos pasé por un pueblo de la Castilla Vieja, esa que ahora llamamos Castilla León, allí vi como un alcalde, dejaba la maquinaria agrícola para lavarse las manos y subir a su despacho municipal, aquél hombre tenía que poner en ocasiones dinero de su bolsillo, para seguir velando por los intereses de sus conciudadanos.

Después, visité a unas Hermanas Hospitalarias, que cuidan de los enfermos con el dolor más permanente, el de las mentes y las almas, estudié el trabajo de los que de antiguo llamábamos misioneros y comprendí lo que es el sacrificio del servicio a los demás, a los más débiles de todos nosotros.

Y clamé al cielo, aún sabiendo que Dios no tiene tiempo para este humilde aprendiz de poeta.

Debe bastarnos el sentido común para entender a la política y la iglesia de hoy.

Si el político que dice servir al pueblo, tiene un salario cinco veces superior a la media de aquellos que representa en ciudades obreras, difícilmente puede entender sus necesidades básicas.

Al igual que la opulencia de la Curia del Vaticano, jamás por mucho que se esfuerce, puede entender a un misionero o misionera del tercer mundo, como Vicente Ferrer, luchando contra el diablo de la hambruna, la justicia social y la sed de saber y poder sobrevivir.

La política debería de ser al igual que el sacerdocio, un apostolado, un afán de servicio, y no, lo que en muchos casos es, un excelso panal de miel.

La vida demasiado endulzada, nos hace a los hombres glotones y cómodos, y entre ellos, están de modo muy destacado la política y una Iglesia que el carpintero de Nazaret no podría reconocer.


Leganés, 8 de febrero de 2012

José Manuel García García (JOSMAN)


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