jueves, 13 de enero de 2011

EL MOLINO Y, SUS GANANCIAS...

En un lugar burgalés, del que creo recordar que llevaba el nombre de “Las Cumbres del Duero” pedanía que desapareció como tal en la Segunda República española, y que visité hace dos años, me contaron una tradición a modo de leyenda o cartas como aquellas que nos dejó escritas Gustavo Adolfo Bécquer, en especial, las últimas escritas desde su celda en el Monasterio de Veruela, cerca de las localidades de Tarazona y Trasmuz, donde aún las brujas pululan presuntamente por las noches, para después reunirse en las ruinas de su castillo, que ya cubre en parte, las tierras y arenillas empujadas por el viento.

Dicho esto, contaré la historia, cuento o leyenda, tal como me la narraron a mí. En el sigo XVIII, en “Las Cumbres del Duero” había dos molinos, durante generaciones de familias de agricultores, todas ellas solían llevar su trigo para convertirlo en harina, de esa de la que, siempre ha salido el pan de la gran Castilla.

El principal molinero se llamaba Antonio, y medraba y medraba, mientras al otro molino apenas si le hacían caso, se decía en aquella época que la buena o mala administración del grano, era que, presuntamente, Antonio se quedaba con dos kilos de harina de cada costal.

De esto, iban hablando José y su hijo Juan, una mañana delante del carro que llevaba los costales.

Juan: Papá, ¿no sería bueno cambiar de molino?

José: Hijo, cambiaríamos de molinero, pero no de ladrón.

Juan: Papá lleva engañándonos él, y su padre, desde que tú venías con el abuelo.

José: Quizá lleves razón, y sea éste año el oportuno para cambiar, y que nos robe otro.

Juan: ¿Recuerdas papá que leímos en los periódicos de la capital que los candidatos a Cortes eran elegidos cada cuatro años y si no le gustaba al pueblo su gestión cambiaban de representantes en el Congreso, lo mismo podemos hacer nosotros con nuestros molineros?

José: Buena idea hijo, no cambiaremos quizás de ladronzuelo, pero durante cuatro años cambiaremos de molinero.

La conversación corrió como la pólvora por posadas, bodegas, huertas y campos, toda la comarca reflexionó sobre lo citado, y desde entonces, toda la comarca lleva sus cosechas por periodos alternos a los dos molinos, salvo Nicasio que es cuñado de Antonio y parece por parentesco estar afiliado al mismo molino.

Ni siquiera en las dictaduras de Primo de Ribera y Franco cambiaron este hábito que ellos denominaban de “higiene molinera”, pues dicen en aquellas tierras que en cuatro años se purgan todos los pecados.

Y, desde entonces, dicen que los costales salen más colmados, y es más, los molinos no tienen ni polvo de harina en paredes y suelos.

Sus balanzas tienen fama de ser las más perfectas de España. Así como los accesos, los caminos han mejorado, y hasta ofrecen vino de la tierra a los costaleros entre carga y descarga.

Desde ese día de agosto de 1875, en esa parte de Castilla se desterró aquél dicho de: “Cambiarás de molinero, pero no de ladrón”

Anos después, José, descargaba un costal y le preguntó a Juan, su hijo, ¿O me hago más viejo o me pesa más el costal?

El hijo, contestó, ¡no papá, es que te pesa más la confianza, y eso, ya es bastante!

Y una copla inundó Las Cumbres y la planicie un siglo y otro sigo:


Cambiamos de molinero,

y como aumenta la harina,

dos kilos cada costal

no se por qué se perdían,

no tengáis de molinero

a aquél que mal administra.


Leganés, 13 de enero de 2011

José Manuel García García (JOSMAN)

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