lunes, 18 de agosto de 2014

LOLA MONTORO DE FRANCISCO, EL DEDO EN LA LLAGA...

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María Dolores Montoro de Francisco, es una doctora en medicina, que de vez en cuando nos hace con las letras encaje de bolillos, y pone el dedo en la llaga, de las problemáticas de actualidad, y, nos enseña a muchos un modo nuevo de rumiar las aventuras y desventuras profundas de la vida cotidiana.
 
JOSMAN.
 
Blogger María Dolores Montoro de Francisco dijo...
Y hay otra locura peor que la tortura animal, esa que se hace para divertirse, para calmar la zona sanguinaria de los cerebros de fiera que aún conservan la mayoría de las personas.

Esa locura peor no es otra que, previo paso por taquilla, pone en peligro a los jóvenes que voluntariamente quieren vivir sin trabajar en los oficios más comunes a cambio de derramar adrenalina del respetable, aunque sea a costa de la propia sangre.

Y es esta segunda locura, amigo Josman, la que siempre he considerado más paleolítica, más atroz y más canalla. Es la misma locura que infecta a los fundamentalistas que atan una bomba al pecho de sus hijos, les hacen un video de recuerdo y los estampan contra un autobús en Gaza.

Hay formas de sacrificio que son admirables, en las que se ve el amor y la entrega a los demás. También hay profesiones con riesgo, en las que el bombero, el policía o el soldado obedecen órdenes para ayudar a la comunidad a no sucumbir. Y luego están las muertes del circo romano, esas que previo pago estimulan a una sociedad tan atocinada que no encuentra otro modo de despertarse que ofrecer a un fulanito un traje brillante, una capa o una mochila con una carga buena de metralla, para que las cámaras puedan apreciar bien lo que son heridas sangrantes convenientemente abonadas o cachitos de cuerpo humano escalfado en una pared, con objeto de que el mundo tiemble. Y en el caso de los cachitos, la cámara pasará dos veces para vender un sacrificio por dos, a ser posible, doble terror al precio de uno.

El toro humano es el que a mí me horroriza, Josman. Porque la pretendida libertad del torero para elegir es tan falsa como la de la mujer que se mueve entre el violador y su navaja.

Superado el paleolítico, creo que la fiesta taurina debería evolucionar hacia la cría y exhibición de los animales más bonitos de la tierra: hombres y toros, pero sin la sangre y la muerte esperando en cualquier momento. Que los espectadores amuermados se busquen la adrenalina por sí mismo, que llenen con gasolina su propio motor y dejen de comprar potitos de vida interesante, porque la mejor comida y la mejor y más emocionante vida es la que podemos hacernos nosotros mismos. Lo otro es sucedáneo.
 
17 de agosto de 2014
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