jueves, 22 de septiembre de 2016

LA SONRISA DE DARÍO.

A Darío, mi nieto.

No hay nada que me atormente más que, el no saber por qué llora un recién nacido,al tiempo que, nada me hace meditar más, que la sonrisa durmiente de un bebé, que solo debe encerrar un instinto.


Quizás ni la ciencia sepa
el por qué sonríe un niño
durmiendo plácidamente
con tan sólo un mes cumplido.
Si tiene su mente blanca,
sus anaqueles vacíos,
donde no caben recuerdos,
sólo se mece en instintos
del alimento materno
a mi arrullo primerizo, 
y los brazos de su padre
tras el baño, tenue y tibio.
Quizás la ciencia no sepa
por qué sonríe Darío
y un millón de niños más
cuando son recién nacidos.

¡El misterio de la vida,
ni se sabe, ni está escrito,
el placer de la inocencia
tiene ese gesto bendito!


JOSMAN.
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