miércoles, 24 de noviembre de 2010

MEDALLAS DE LA CIUDAD, O ¿CUENTO INVERNAL?

Cuentan que, presuntamente, una mañana en alcaldía, de cuyo día no puedo acordarme, viéndose don Rafael estresado como Sancho, ante el ruido temeroso similar al de la aventura de “Los Batanes”, acudió nuestro primer edil al aseo del consistorio, allí imaginamos que, sentado en el trono inmaculado, pensó, meditó, reflexionó sobre la concesión de medallas a personas o entidades de la ciudad.


Poco después, observó el inodoro y su cisterna, y, lavándose las manos miró el lavabo, la grifería, la jabonera, el toallero y hasta pudo adivinar las bajadas cilíndricas de los desagües con sus codos y arquetas finales.


Y es que en verdad, el siglo XX , nos descubrió esa comodidad de estos elementos en los que realizamos aguas mayores y menores que evacuan los residuos alimenticios de nuestros cuerpos, los cuales a veces o siempre lanzan un hedor “Sancheríl” que no es de ámbar, como repetía el Caballero de la triste Figura, -según mi paisano Cervantes-

Al comprender todo esto, se le encendió la luz del entendimiento a nuestro alcalde y tuvo a bien acertadamente de ordenar a su Jefe de Gabinete la concesión de la medalla de plata de la ciudad de Leganés a una empresa prestigiosa de saneamientos, como reconocimiento de los más de sesenta mil elemento de cada gama repartido por los hogares pepineros.


Seguidamente cuentan que, presuntamente, un día se le averió el Sarkomóvil oficial al Sr. Alcalde, tenía que trasladarse a un acto oficial de manera urgente, donde obviamente se requería su presencia representando a nuestra ciudad, las prisas no hacían posible esperar a el servicio de otro vehículo municipal, y nuestro edil recordando al buen alcalde que tuvo Madrid en la figura de Enrique Tierno Galván, tuvo que hacer uso del transporte público, los modernos autobuses que hacen servicio en nuestra ciudad le trasladaron a don Rafael y sus aláteres en su recorrido habitual a las proximidades del lugar de la cita.


El alcalde comprendió el gran servicio de transportes que tenemos en Leganés, y olvidó aquellos servicios en precario de las camionetas de los años 70, de las que tanto protestábamos los ciudadanos de aquella época, nuestro regidor felicitó al conductor por los buenos amortiguadores del vehículo, que apenas pasaba por los badenes, como si se tratara de una ola mediterránea.

Volvió a iluminarse por el resplandor de la cubierta de la plaza taurina, y decidió conceder otra medalla de plata a la empresa que realiza este servicio en la localidad.



Otras empresas de nuestra ciudad esperaban junto a colegios públicos esta especie de lotería flotando en el magín de nuestro alcalde, y los poetas amateur pensamos en el garbanzo tan castellano y trilero, y expresamos: “medallas a boleo y sin consenso”.

Antonio García Blázquez , concejal de los euros municipales, arrugó su ceño, no por las medallas ni su concesión, acababa de leer un haiku ripiosamente asonante:



Se va Montoya:

Cuando se dore el trigo

y la amapola.



Leganés, 24 de noviembre de 2010

JOSé MANuel García García (JOSMAN)

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