domingo, 26 de julio de 2015

DIOS, LA TIMOCRACIA, BÉCQUER Y LOS POBRES.


Gustavo Adolfo Bécquer.

1. f. “Gobierno en que ejercen el poder los ciudadanos que tienen cierta renta” Siempre añado que, son los que desde la sombra con su capital dirigen a éstos gobernantes nuestros como marionetas del marcado.

De los cuatro pilares de una democracia, que tantas veces he citado: Salud, Enseñanza, Trabajo y Servicios Sociales, tanto estatales, como comunitarios y locales, éstos últimos son el termómetro de la temperatura democrática de una nación, lo demás, es en lo que hemos caído, una dictadura del capital que nos deja intervenir en las urnas, sabiendo que su resultado, será seguir manejando a los cargos electos con los hilos invisibles, como se hace con las marionetas en el teatro de títeres.
Cuando veo millones de personas sin trabajo y sin prestaciones o subsidios, a veces me dirijo a la carta quinta de Gustavo Adolfo Bécquer incluida en sus cartas “Desde mi Celda”.
Leer sus dos últimas líneas, es creer en Dios, Bécquer nos dio un Dios que buscábamos y necesitábamos, porque si no, sería imposible entender como el ser humano sobrevive ante este terror – miedo extremo- de ésta supervivencia en que la democracia, mejor dicho la Timocracia, deja a muchos de nuestros conciudadanos necesitados.

Por ello, escribo entrecomillada siempre ésta cita final de la carta becqueriana:
“Dios aunque invisible, tiene siempre una mano tendida para levantar por un extremo la carga que abruma al pobre. Si no, ¿quién subiría la áspera cumbre de la vida con el pesado fardo de la miseria al hombro”

Se crea o no se crea en Dios, le necesitamos, quizás porque para muchos sea el único asidero donde agarrarse con afán, para evitar precipitarse al vacío del suicidio aquellos qué, sólo tienen la bóveda celeste y la tierra que pisan que aún no ha privatizado ésta Casta.


JOSMAN.
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