domingo, 19 de julio de 2015

EL AMOR Y LA CORRUPCIÓN QUE ARRUINÓ ESPAÑA

Ignorar la historia, es volver a repetirla, por ello es cíclica, y tropezamos mil veces en la misma piedra.
EL AMOR QUE ARRUINÓ ESPAÑA. Así comenzó la gran corrupción que perdura hasta hoy en su forma y sus modos.-Podríamos analizar desde los Reyes Católicos, pero no sería necesario tanto excremento- María Cristina y Fernando Muñoz, el mayor braguetazo de la historia junto con el de Godoy.
EL MATRIMONIO MORGANATICO
"El 28 de diciembre de 1833, a los tres meses de quedarse viuda contrajo matrimonio morganático en secreto con un sargento de su Guardia de Corps, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez. Fernando Muñoz entró en la Guardia de Corps gracias a que su abuela paterna Eugenia Funes había sido nodriza de una de las hermanas del rey Fernando VII.
¿Cómo se conocieron María Cristina y Fernando Muñoz?
Hay dos versiones, la primera nos dice que una noche María Cristina se fijó en él y le preguntó si se cansaba, a lo que Fernando respondió “en servicio a su majestad no puedo cansarme nunca”. La respuesta satisfizo tanto a María Cristina, que enseguida quedó libre de servicio y ya la atendía nocturnamente en su lecho.
La segunda versión es el relato de su nieta María de la Paz Juana Amelia Adalberta Francisca de Paula Juana Bautista Isabel Francisca de Asís (otra característica de los Borbones es la amplia utilización de nombres como vemos en este ejemplo). La historia decía, que la reina madre se encontraba paseando con su carruaje, yendo y viniendo de vacaciones, cuando a consecuencia de un bache se dio un golpe en la nariz y empezó a sangrar, entonces solicitó a su dama de compañía le facilitase un pañuelo y como ésta no lo tenía aceptó el de uno de los miembros de su escolta y así empezó la relación.
El sacerdote que oficio la ceremonia fue Marcos Aniano González, que era amigo del novio y siguió al matrimonio durante tres lustros tanto como capellán de Palacio y único confesor de María Cristina.
La ceremonia se celebró en el Palacio de Oriente, a las siete y media de la mañana, actuando como testigos el marqués de Herrera y Miguel López de Acevedo. Entonces María Cristina tenía veintisiete años y Fernando Muñoz veinticuatro.
María Cristina era muy religiosa y no quería vivir su relación con Muñoz fuera del matrimonio, pero si se casaba con él perdía sus títulos y sus privilegios.
Las sospechas transcendieron pese a los esfuerzos por mantener oculta la relación y el matrimonio secreto. María Cristina, que aparecía en numerosos actos públicos, intentaba disimular sus embarazos a base de emplear amplios vestidos, que ocultasen su abultado vientre. Estas sospechas se debieron a los cinco embarazos de la Regente que delataban las relaciones con otra persona. Así se decía “La Regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”.
Sus enemigos políticos y rivales los carlistas también le dedicaron coplillas alusivas a sus embarazos:
Clamaban los liberales
que la reina no paría,
¡Y ha parido más muñoces
que liberales había!
También fue famosa en esta época la canción popular dedicada a la Regente María Cristina y que todos hemos oído alguna vez:
María Cristina me quiere gobernar
y yo le sigo, le sigo la corriente
porque no quiero que diga la gente
que María Cristina me quiere gobernar.
No se sabe muy bien si eran los carlistas los que le cantaban la canción a los liberales o eran estos a los carlistas. Esta canción posteriormente fue usada mucho en Cuba.
De este matrimonio nacieron ocho hijos ,a los que la reina Isabel II concedió títulos nobiliarios:
María de los Desamparados Muñoz y Borbón 1834. Condesa de Vista Alegre.
María de los Milagros Muñoz y de Borbón. 1835, Marquesa de Castillejo
Agustín María Muñoz y de Borbón. 1837. Duque de Trancón, I Vizconde de Rostrollano y Príncipe de Ecuador.
Fernando María Muñoz de Borbón. 1838. Vizconde de la Alborada y otros títulos.
María Cristina Muñoz y de Borbón. 1840. Marquesa de la Isabela y Vizcondesa de la Dehesilla.

Estos cinco hijos lo fueron durante su Regencia. Como no podía estar embarazada oficialmente al ser viuda, hizo que viviera largas temporadas apartadas en el palacio de Vista Alegre. Nada más nacer sus hijos, eran enviados a París donde eran atendidos por personal de confianza. Posteriormente, tuvieron otros tres hijos:
Antonio de Padua Muñoz y de Borbón. 1842.
Juan Muñoz y de Borbón. 1844. Conde del Recuerdo entre otros títulos.
José María Muños y de Borbón. 1846. Conde de Gracia y Vizconde de la Arboleda.
Enseguida comenzaron a llamar a Fernando Muñoz con el nombre de Fernando VIII. Si no tuvieron más hijos fue porque ya eran mayores pero no por su pasión sexual que era muy fuerte y mantenían el ardor de la juventud.

María Cristina huye por el puerto de Valencia, el 17 de octubre de 1840, en el vapor Mercurio, que la lleva a Marsella. A su llegada al puerto francés declaraba que su renuncia a la Regencia fue forzada. Posteriormente se traslada a Roma, donde permaneció tres meses hasta que el Papa Gregorio XVI le dio la bendición a su matrimonió morganático.
Termina refugiándose en Francia donde es acogida por sus tíos Luis Felipe de Orleans y María Amelia. Se compró el palacio de la Malmaison, que había pertenecido a Josefina Bonaparte.
Inmediatamente empezó a conspirar, así al año del exilio, apoyó un golpe de Estado encabezado por el general O’Donnell que se sublevó en Pamplona, Bilbao y Zaragoza y el general Narváez en Andalucía.
En el año 1842 constituyó una sociedad secreta, la Orden Militar Española con la finalidad de conspirar contra Espartero. De esta orden formaban parte O’Donnell y Narváez. Al mismo tiempo, formó una junta civil presidida por Martínez de la Rosa, que hacía las veces de gobierno en el exilio.
El 30 de julio, Espartero tiene que abandonar la regencia y sale de España tras la sublevación militar encabezada por O’Donnell, Narváez y Prim. Se declara mayor de edad a Isabel II a pesar de que tenía trece años. Presta juramento como Reina, el 8 de noviembre de 1842.
SU REGRESO, 1844-1854
Con la entronización como Reina de Isabel II, se permite el regreso de su madre. Por decisión de Isabel II se legaliza su matrimonio y se celebra una nueva ceremonia de boda, el 12 de octubre de 1844. Las Cortes confirmaron la legalidad del matrimonio. Al ser todo legalizado Fernando Muñoz fue nombrado duque de Riánsares y Grande de España.
Al principio se instaló a vivir en la Palacio Real, pero para evitar susceptibilidades se trasladaron posteriormente al palacete de la calle de las Rejas.
En 1845, participa en un intento de restauración de la monarquía en Ecuador a petición del presidente Juan José Flores. Este proyecto presentaba dos partes: la primera consistía en que su hijo, Agustín Muñoz y Borbón, se convirtiera en Príncipe de Ecuador y, más tarde, sería nombrado rey de Perú y Bolivia. Uniendo los tres países en una sola nación a la que llamarían Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia. Sin embargo, el presidente Flores fue depuesto por la revolución marcista y todo se vino abajo.
María Cristina tuvo una gran influencia en el matrimonio de Isabel II con Francisco de Asís, que era un hombre todo lo opuesto a lo que ella necesitaba. Ella tenía una gran actividad sexual y era ninfómana, mientras que Francisco de Asís era gay, conocido como “don Paquito”. El matrimonio se realizó el 10 de octubre de 1846.
La relación entre ambas fue deteriorándose, donde María Cristina afeaba el comportamiento sexual de Isabel II. A todo ello, debe unirse, que quería seguir influyendo en la vida política del país.
En 1854, se produce la Vicalvarada con O’Donnell a la cabeza. Una de las demandas que exigen los sublevados es que se aparte a María Cristina de la política. Consecuencia de estas protestas es que fueron incendiados los palacios de María Cristina, el de José de Salamanca y el del conde de San Luis.
Esta es la carta, que le escribe O’Donnell a Isabel II.
“Desoiga también V.M. los consejos artificiosos y parciales de la reina madre. Esta señora parece que lleva a V.M. en su señora y la dio a luz para complacerse luego en inmolarla a su capricho y a la insaciable sed de oro de que está devorada. Fuera de la vida, nada debe V.M a la reina Cristina, ni ella ha otorgado a España beneficio alguno para que V.M le tribute sumisión y obediencia en su conducta regia.
Apenas descendió a la tumba el padre de V.M. la viuda gobernadora del reino, daba a V.M el pernicioso ejemplo de un amor impuro que principió por el escándalo, que concluyó diez años después por un casamiento morganático y que ha traído males incalculables."
Poco severa ella misma en los principios de sana moral que deben ser la base y fundamento de la educación de los príncipes, ni supo inculcarlos en el ánimo de V.M. mientras fue niña, ni se cuidó más que acumular oro y de preparar desde temprano un peculio crecido a su futura prole…. Apenas ha habido contratas lucrosas de buena a mala ley, especulaciones onerosas, privilegios monopolizadores a que no se haya visto asociado el nombre de la reina madre.
El resorte para que un ministro o un hombre público haya obtenido la protección y apoyo de esa señora, o provocado su animadversión, ha sido pactar o no con ella el servicio de sus interese. Esto lo sabe el pueblo…”
EL SEGUNDO EXILIO
En 1854, tras el golpe liberal de O’Donnell inicia su segundo exilio y definitivo, saliendo hacia Portugal. Posteriormente se trasladaría nuevamente a Francia, instalándose en Sainte-Adresse, donde vivió más de veinte años. Perdió la pensión vitalicia que le había concedido las Cortes.
En 1956, le fue devuelto por el Estado todos los bienes confiscado con su segundo exilio. Visitó el país, en 1864, bajo el gobierno de Narváez, estando poco en Madrid y visitando Asturias, tierra de sus florecientes negocios.
olvió nuevamente, en 1868, con motivo de la boda de la infanta Isabel,” la Chata” con el príncipe Cayetano de Borbón-Dos Sicilias. En 1876, volvió con el apoyo de Cánovas del Castillo para enterrar a su marido en Tarancón. Su última presencia en el país fue para asistir a la boda de su nieto Alfonso XII con Mercedes de Orléans en 1878.
LOS NEGOCIOS DE LA PAREJA REAL
La gran pasión de María Cristina fueron los negocios y para ello contó con grandes personajes como el general Narváez y José de Salamanca. No dudó en desviar fondos estatales para sus inversiones particulares. Se decía que “no había proyecto industrial en el que la Reina madre no tuviera intereses”.
Fernando Muñoz fue el promotor de diversas empresas por todo el país, destacando las de ferrocarriles que por aquellos tiempos empezaban a abrirse camino, haciendo inversiones en este sector en Asturias. También creó numerosas empresas en torno al carbón en Siero y el valle del Nalón y creó la empresa Asturiana Mining Company que posteriormente sería transformada en la Fábrica de Mieres.
También participó activamente en el negocio de la sal, durante cinco años disfrutó del monopolio de dicho producto, lo cual le dio pingues beneficios. También participó en el negocio de los negreros, en compañía del el general Narváez, fundador de la Guardia Civil.
Obtuvo la concesión de la línea férrea Madrid-Aranjuez, que fue inaugurada, el siete de diciembre de 1851, que posteriormente se extendería hasta Albacete y Alicante. Como dice el historiador Pierre de Luz:
“En aquel momento, todo el mundo en Madrid juega a la bolsa, y es Salamanca quien dirige el baile. Ya ha arrastrado a Muñoz, y pronto asocia al mismo Narváez a sus combinaciones, a sus grandes golpes, a sus enormes ganancias… no existe en España un solo negocio industrial en que María Cristina o el Duque de Riánsares no tomen parte.”
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