domingo, 17 de julio de 2016

LOS CHITONES DE RAJOY,.

LOS CHITONES DE RAJOY.

Facebook no es para escribir sobre el "Chitón de las Tarabillas" de Quevedo. estos días lo repaso, y en ese opúsculo, en sus páginas 13 y 14 sin ser economista, Quevedo retrata la España de hoy que es la España de siempre, salvo que en aquella, al poder devaluar la moneda y convertir la plata y el oro en cobre de un real, se hizo todo cuanto hace Rajoy, salvo aquello que se cita de Vespasiano -según Seutonio-, poner impuestos a la orina y a los excrementos, al agua ya se ha realizado y falta al humo, que dicen que fue en época de Nerón.


Rajoy, tiene periodistas al servicio de su reputación, a Quevedo lo compraron, le trajeron del destierro para escribir bien de Felipe IV, pero además de ser un "rey pasmado", su gobierno empobreció a España y Quevedo rebotado a medio opúsculo, se da cuenta que la verdad es la verdad, y se rebela, y ve eso, que lo que eran cuatro reales, valen tres, y luego uno. Descubriendo a "quien esconde la mano"

Y tritura al Valido y al propio rey, le costaría junto a otras sátiras -que hacían temblar al propio Lope de Vega-, la cárcel, y tras ella, la muerte.

Escribir sobre esto en Facebook es de tontos, si no fuera porque después acaban en la prensa digital.
La única diferencia es, que hoy no se puede devaluar el Euro desde Moncloa, y que ya los Quevedos se han convertido en correveidiles llenos de mierda televisiva y para disfrazar la realidad, hablamos de Venezuela, Irak y Cuba, sabiendo que el PP en la CAM no condena el Franquismo, por eso mismo, porque el "Chitón" en madrileño es el hombre callado, y tarabilla no dejan de ser un zoquete, y entre Chitones y Zoquetes, pusieron impuestos al sol, al agua, y el IVA se aplica al pobre al mismo tipo que al burgués.
Hoy Rajoy no encuentra apoyo, mañana lo encontrará, porque en España, somos los reyes del arte de comprar voluntades, eso sí, hay formas de dar sin dar, y para eso tenemos Chitones que justifican lo injustificable, para eso repartimos en las tertulias los Quevedos de hoy, que ni son miopes ni espadachines, ni siquiera manejan la ironía ni la sátira, son la voz de su amo, contra lo que se rebeló don Francisco porque solo tenía un destino, morir cerca de La Torre, que es donde mueren siempre los poetas.

JOSMAN.
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