lunes, 6 de marzo de 2017

MALEFICIO DEL AYUNTAMIENTO.

MALEFICIO DEL AYUNTAMIENTO.

Hace años que desvelé el Maleficio de la Acacia de los Meones, mis pocos lectores creyeron que era simplemente una leyenda que surgía de un aprendiz de poeta que quería incordiar unos instantes la vida consistorial.

Desde el traslado del Ayuntamiento de Leganés al solar antiguo del campo de fútbol del Leganés, y construyendo en su entorno la Plaza Mayor, donde desde el siglo XIX existía una acacia gigantesca que alcanzaba la altura en la que se halla el despacho de alcaldía.


Desde su inauguración surgen los problemas políticos y judiciales, la mayoría con sobreseimientos de las causas, otras archivadas, resultados exonerando a los investigados, absueltos, y otras retirando la acusación particular, presupuestos que la justicia da como ilegales, así como nombramientos de Directores Generales en la legislatura pasada y en la actual, los primeros con sentencias de ilegalidad, por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, y al parecer no ha existido recurso a la más alta instancia. En definitiva, todo esto tal como dice la R.A.E. del maleficio que parece un: “daño causado por arte de hechicería”.


Es decir, que no ha existido paz en el nuevo consistorio, desde que se abandonó su sede en la Plaza de España siendo alcalde Pérez Ráez, hasta surgen dos nuevos partidos políticos como Leganemos y C´s, y estos acaban divididos en eso que llaman concejales adscritos y no adscritos. En fin, que el maleficio sigue, aún sin ya existir aquella acacia y sus hermanas menores, se ha llegado a decir que, al caer la noche aterriza una Corneja negra sobre los autómatas de un reloj de Calle* que se asoma a la plaza.


La acacia se denominó: la de los meones, porque pacientes de un Centro Hospitalario histórico de salud mental, que se hallaba enfrente,-hoy tiene otro uso sanitario- y tanto niños como enfermos miccionaban tras su tronco para ocultar su aparato genital de ojos indiscretos mientras evacuaban sus orines. Los primeros, si pasaban a los aseos hospitalarios ya no podrían volver a salir, se les daba por concluido el permiso del paseo, y los niños y adolescentes no abandonaban los juegos para acercarse a sus domicilios, los establecimientos cercanos no querían esa procesión mingitoria, por tanto, la acacia era un inodoro de urgencias, a pesar de su proximidad al cuartel benemérito que impone e imponía respeto en esos menesteres de falta de urbanidad.


A pesar de que no se pensó en el pueblo soberano en su construcción, se hizo una grada posterior a su edificación en el salón de plenos, el maleficio invade ésta, y en ocasiones, existen interrupciones por parte de público asistente con sus reivindicaciones, y se han dado por su alteración varias situaciones de suspensión del pleno, recogidas por la prensa.


Hasta en ocasiones se ha expulsado del pleno a concejales de la oposición, y en otras, éstos han abandonado voluntariamente ante el empecinamiento de su presidente.


Se rumoreó, y los políticos nunca lo hicieron público, ciertas irregularidades administrativas en la forma dada a la resolución política de desalojar la instalación deportiva, y la decisión de construir el Ayuntamiento y la Plaza, que presuntamente tuvo una indemnización económica considerable cargada al erario público.


La Corneja negra antes citada, tiene esa similitud en el maleficio con la del Perro Negro del Escorial que enloqueció temporalmente al Rey Felipe II, y que interrumpió en ocasiones a los obreros en la construcción del Monasterio, se cuenta que, acabó colgado en una de las torres, años después, ya agónico el monarca más poderoso del mundo, rodeado de los cuadros infernales de El Bosco y reliquias de santos, seguía el rey escuchando los ladridos del perro, posiblemente en alucinaciones auditivas.


Una leyenda castellana dice y decía que, bajo el Escorial está una de las puertas del infierno, el rey conocía la leyenda, y lo preocupante, aunque nadie me crea, y esto no sea una leyenda, -ya que no tengo capacidad de crearla-, la corneja existe, a pesar de no ser una ave frecuente en estas latitudes pepineras, pero grazna en su protesta, como aquella machadiana de la Audiencia de Soria en 1912 que retrató el maestro en sus versos.

JOSMAN.
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