jueves, 21 de octubre de 2010

AYER PREGUNTÉ A LA MAR.

San Agustín.


Un sumo pontífice, dicen que dijo en el Vaticano, “los animales tienen alma”, yo, que no soy ni un intelectual, ni erudito, ni un pensador acertado, medité o reflexioné sobre el asunto, me fui a la mar, y en esta imaginación que tenemos los poetas amateur, sentí que me respondía una ola, tras mi silenciosa pregunta.

Recordé aquella anécdota de San Agustín, sobre el misterio de la Trinidad, y al final, comprendí que hay circunstancias que tienen una limitación para el magín de los hombres, podemos tener fe, pero es algo vano el analizar o reflexionar sobre la fe, y acabé entendiendo al niño de la concha que, trataba de meter en un hoyo playero todas las aguas del mar. Es decir, que, perdí horas y horas buscando en un manzano nueces.


Ayer pregunté a la mar:

¿dónde el alma de los peces?

Y me respondió una ola:

¡misterio entre sal y nieve!

Y la ola se volvió…

quedando yo como siempre

almas mecidas en aguas,

meditando e impotente

como el uno y trino.¡Dios!

no alcanzaré a entenderle.


Yo también San Agustín*

busco en el manzano nueces.



Leganés, 20 de octubre de 2010

JOSé MANuel García García (JOSMAN)



* “Cuéntase que mientras San Agustín se encontraba en la playa preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, vio a un niño tratando de vaciar el agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito, a lo que le contestó el Santo: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y con estas palabras el Niño desapareció”. Ver en:

http://fueradecampo.blogspot.com/2006/06/san-agustin-y-la-trinidad.html

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