viernes, 8 de octubre de 2010

¿UN INFIERNO DE LO ERRANTE?



En la huerta del patrón de mi padre, hoy se alza la Colonia Velazquez, en la actual calle Camino Viejo de Leganés, allí, por entonces, pasaba un arroyo, tan diminuto que parecía que en vez de agua, llevaba lágrimas; cuando se construyeron las viviendas hoy existentes, desapareció la huerta, los árboles, el arroyito y las aves que anidaban, hoy, meditando sobre ellos, después de cincuenta años, posiblemente el polvo, la ceniza y el sudor, sean partículas de un infierno errante.

Árboles de escasa vega,
de arroyo lagrimeante,
¿dónde estaréis hoy gorriones?



¿junto al sudor de mi padre?
¿o sois polvo levantisco
por donde os azota el aire?



Todos somos polvo y nube,
el sudor evaporado
y la pluma sin plumaje.



Mil veces lluvia y lodo,
tan poco, insignificantes,
el tiempo nos borra y somos



ánimas corriendo calles,
o nutrientes de un fértil campo,
o cenizas que bailantes



suben y bajan al ritmo
que esparcidas se deshacen
en el huracán gigante.



Es el último destino
de partículas que saben
que su final es la nada,



o un infierno de lo errante.



JOSÉ MANUEL GARCÍA GARCÍA (JOSMAN)





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