sábado, 17 de diciembre de 2016

EL PESO DE LA EDAD.

En la Comedia de Cervantes "El juez de los divorcios" con el que ayer caí en los brazos de Morfeo, solo en dos líneas -sin entrar en la calidad literaria, que yo no soy juez de letras-, Cervantes desnuda la realidad del hombre maduro, deja el escritor la realidad de la vida cuando en la pareja hay una diferencia de edad.


La mujer pide el divorcio y exclama " el invierno de mi marido y mi primavera" en 16 sílabas descubre y encierra todo, el resto del sainete es un juego con otros demandantes de divorcio.
Cervantes era joven cuando lo escribió, pero desde el mal aliento, hasta tener a la mujer de enfermera, conjuga ese invierno y el vigor de la primavera.



Cervantes jugó con el amor, con los celos del "Celoso Extremeño", la vejez , la decadencia, " El viejo celoso" indica que ironizando con la madurez supo envejecer carnalmente, una comedia y dos novelas cortas, le prepararon para la vejez, para el peso de la edad, a pesar de la leyenda de la promiscuidad de "las cervantas" en Valladolid, nuestro escritor supo con cierta pobreza llegar al Parnaso de la pitopausia, porque la había analizado, porque bebió de su propia fuente, a veces siendo yo un pobre profano en lo Cervantino, creo que, sus comedias y novelas ejemplares, las escribió para él. 

La gente hoy se entrena en gimnasios, Cervantes entrenó para saber enfrentarse al peso de la edad. Su obra es un entreno de la mente. Sin que nadie le dijera "el invierno de mi marido y mi primavera" por eso nadie le lanzó la palangana de agua en la puerta para evitar que viera salir al amante de su joven mujer del lecho placentero.


Josman.

Dice Mariana:
"El invierno de mi marido y la primavera de mi edad; el quitarme el sueño, por levantarme a media noche a calentar paños y saquillos de salvado para ponerle en la ijada; el ponerle, ora aquesto, ora aquella ligadura, que ligado le vea yo a un palo por justicia; el cuidado que tengo de ponerle de noche alta cabecera de la cama, jarabes lenitivos, porque no se ahogue del pecho; y el estar obligada a sufrirle el mal olor de la boca, que le güele mal a tres tiros de arcabuz"
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