lunes, 8 de octubre de 2018

LIMPIAR LA CONCIENCIA.

LIMPIAR LA CONCIENCIA.


Cada quince días hago una labor de voluntariado, (no es mucho) a veces me pregunto si lo hago por limpiar mi conciencia, o es mi conciencia quien me indica que debo de limpiarme y ser más humano.
La vida de los que sufren la discapacidad intelectual, me hiere en el alma, ahí es donde compruebo la inhumanidad de algunas familias, obviamente no de todas.
Con qué cariño se habla de los hermanos, cuando ves la vida con otro prisma, con el verdadero, te das cuenta que sólo son hermanos uterinos, que surgieron en el seno materno, lo demás, es lo demás.
Y yo que soy crítico con todos los partidos políticos, me doy cuenta que la única madre y padre es el Estado, que vela por estos seres.
Conozco a seres que desde la adolescencia viven en residencias en que el Estado las tiene recogidas de por vida.
Cómo la mente deteriora el cuerpo, cómo los estados psicosomáticos minan todos los sentires, “como me duelen los nervios” me decía un paciente que visito, y salvo la medicación, que puedes decir ante esa pregunta.
La sociedad que tiene el derecho de vivir, de gozar, de cantar, de bailar etc., pero nunca vuelve sus ojos a lo que no le agrada, a lo que está en el desván del Estado instalado en residencias, y eso es lo que me llena de ira contenida.
Hasta a mí, que no soy bueno como lo era mi padre, se me desgarra el alma, decía Federico García Lorca, que nos asquean los insectos esos que se arrastran por las dehesas o prados, y son más limpios que nosotros que se bañan en el rocío mientras este permanece, lo decía en el prólogo del Maleficio de la Mariposa.
El Estado trata bien a estos seres, pero hasta el Estado que carece de alma, tiene más alma que los familiares, cuando estos seres en sus limitaciones, dentro de su sufrimiento, son mejores seres que nosotros.
Quizás cada quince días me limpio la conciencia, o es la conciencia la que me dice que me limpie.

JOSMAN.

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