domingo, 23 de agosto de 2009

LAS HERIDAS DEL ALMA.

Si hoy los jóvenes de España y de Leganés, llevaran toda su vida bailando un ritmo musical de hace 165 años, teniendo prohibido bailar otro, tras suplicar día a día una modificación del ritmo, sería tan enorme el eco de su protesta que haría que La Cubierta de Leganés, se hundiera, como ocurrió con el Templo de Salomón en Jerusalén, azotado por el viento renovador de Roma.

Mientras España y por ende Leganés, conocían los ritmos de la democracia y por ella la dignidad humana y laboral, algunos solo pudimos conocer durante treinta años de esa misma democracia, el repetitivo baile de Isabel II, el General Narváez y el Duque de Ahumada, letra y música de estos tres autores del año 1.844

Por ello me dicen en Leganés militantes de los que tuvieron el poder de cambiar el ritmo musical y de la letra que, soy un resentido, y que por ello escribo, no soy un resentido, soy un represaliado (pregúntenle a Roldán) y esto lo aclaro en los versos de pie de página, aclaro como nacen las heridas del alma.

Y si Psiquis quiere decir alma, muchos, muchísimos estamos enfermos del alma, y nuestras almas y mi alma, tiene el derecho legítimo del desahogo, y de pretender buscar la justicia social y luchar con la palabra escrita con quienes pudiendo legislar bien, lo hicieron mal, y por ellos cientos de inocentes se ahogaron en su soledad e incomprensión, debido a lagunas legislativas, que siempre curiosamente perjudican al más débil, desamparado y marginado. Y eso ocurre en una sociedad con vocación europeísta, en mi opinión seguimos siendo el culo de Europa y la vanguardia de África en uno de los temas más esenciales de nuestro Estado gobernado con mayorías absolutas por los dos partidos citados.

Dicen que soy resentido,

y quizás sea verdad,

ni el Partido Socialista,

ni el Partido Popular,

me dieron en treinta años

un gramo de libertad,

un átomo de esperanza,

sólo palo y buen andar…

Tan sólo Izquierda Unida

nos intentó aliviar,

en ese querer hacer

donde no quiso hacer na.

Y yo les doy mi jarabe,

que son letras nada más,

palabras, sólo palabras,

por querer civilizar

una doctrina antigua

que Narváez sin pensar

nos aplicó hace dos siglos,

sin poder modificar

una letra de su prosa

ni una espina del rosal.

Represaliado me siento,

resentido y algo más,

con heridas en el alma

que jamás podrán curar

el Partido Socialista,

el Partido Popular

bien pudieron aliviarlas

sin que se suiciden más.(1)

He perdido compañeros

que se pudieron salvar

con leyes más humanas

y su muerte es mi caudal…

Leganés, 22 de agosto de 2009

JOSMAN.

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