martes, 9 de marzo de 2010

DOS ANCIANOS.

Mi padre, tan Machadiano él.

Hoy, 9 de marzo, cumpliría mi padre 93 años, nació en Constancios una aldea del Concejo de Luarca -Asturias- antes de la revolución soviética (1917) Vivió tras su adolescencia la revolución de Asturias (1934) Estuvo en la Guerra Civil en el bando republicano, y encarcelado por rojo en Aranda de Duero, (Burgos) y era socialista, de aquellos de entonces...

Fue barrendero y sereno en Carabanchel, -Madrid- y ahora que, critico al neo-socialismo, o a esos que se etiquetan socialistas, y son solamente camaleones recubiertos de imbecilidad temporal, y que creen, que yo me voy hacer de derechas.

Yo por ley, debo ser apolítico, además me confieso nihilista, porque no vivo de la religión zapaterista, ni rajoyniana , y Llamazares tiene apóstoles poco aconsejables.

Mi padre cuando me veía escribir, -a pesar de hacerlo mal- me advertía: "Manuel, no escribas de política, escribe versos de amor, porque si sigues así, acabarás como mi primo -poeta-, amaneciendo en la playa de Otur con un tiro en la cabeza"

-Papá a mí no me matarán, porque soy un mal poeta, y porque ya estamos en algo que llamamos democracia, y se respetan las ideas, y hay libertad de expresión sin injuriar, ni calumniar.

"Manuel, no seas inocente, existen muchas formas de matar hasta en democracia..."

Y yo, le escribí desde el "hondón de mi alma" un libro en el que incluía DOS ANCIANOS. ÉL Y YO.
Y si por casualidad, me lee mi admirado Neptuno, desde sus bambalinas del teatro político leganense, añado que, mi padre, con su limitación cultural, defendía que, aquellos de la clase trabajadora que destacaban por su preparación y su deseo de defender los intereses de los más desheredados y, tuvieran un programa para desarrollarlo, eran los auténticos socialistas y comunistas, por el contrario abominaba de aquellos que, solo buscaban un buen cargo, acoplar a sus amigos y familiares, y disfrutar de las lisonjas... como un valor añadido.
Por ello, tras la 2ª legislatura de Felipe González, como hizo Lope de Vega, mi padre se retiró a sus soledades, dejando de creer, de sentir y soñar para siempre.

DOS ANCIANOS

A Rafael, mi padre

¿Me veré como mi padre,

anciano y abandonado,

o gozaré de las mieles

del panal que estoy criando?

Cuando le veo temblar,

quebrarse tan solitario,

siento en mi interior la sombra

que queda tras el quebranto

de una noche de tormenta

herida por veinte rayos.

¿Me veré como mi padre,

silencioso y machadiano,

me veré dormido y sólo

sin poder dar ningún paso?

En donde la luna llora,

dejadme seguir llorando,

dejadme en soledad

meditar sobre los campos.

Y cuando llegue la hora

de contar los aguinaldos...

estaré donde los pobres

llamando a los Reyes Magos.

Cómo se me fue la infancia,

qué poco conté los años,

qué corta fue la inocencia,

mi caminar por el prado.

¡Que pocas fueron las veces

que paseé de tu mano!,

y sin embargo en la aurora

de aquél tiempo pasado,

quise jugar donde el tiempo

me mostró tu pelo cano.

Y nunca entendí las flores

de madre... con sus geranios...

no nací para arrastrar

de su incomprensible arado...

¿Me veré como mi padre,

pagando ajenos pecados?

Me duele el alma esta noche,

y me siento tan cansado

que quisiera a mi memoria

darle un ligero descanso.

¿Me veré como mi padre,

anciano y abandonado,

o nunca serán mis hijos

como yo de involuntarios?

Si pudieran ser abrigos

los seres que hemos amado,

¿Pero como hoy pensar?,

todo es cercano y lejano,

si pudiéramos volver

y borrar tanto pasado,

y escribir nuevos renglones

en papel de nieve , blanco.

Quisiera jugar con él,

pero, ahora y sin pensarlo,

hay un tiempo que me lleva

no sé dónde, dando saltos,

y son mis hijos quien ven

en mi rostro trasnochado,

esa claridad, sin luz,

que aumenta sin esperarlo,

(el reloj exterior del tiempo)

mi primer cabello cano.

Si pudiéramos volver

y arrancarnos tantos clavos,

pero, es padre tan tarde,

que, en familias me reparto,

a veces encuentro un hueco

para acariciar tu mano,

y, me pesa la conciencia

como un negro canasto.

Y al mirarme en el espejo,

me hundo y no me levanto

adivinando el mañana

que corre con mi quebranto.

Pero es tan tarde, padre,

que ya estamos condenados.

¡En tu hoy y mi mañana,

somos los dos, dos ancianos!

José Manuel García García (JOSMAN)

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