miércoles, 2 de septiembre de 2009

ANALIZANDO MI POESÍA SOCIAL.

Otra vez los versos, sus metáforas, lo que esconden, lo que disfrazan, yo, torpemente escribo, otros, los pocos lectores que tengo tienen la facultad voluntaria de reflexionar, de descubrir y hasta de adivinar ¿Qué son las hojas negras, las lágrimas de fuego del pobre Butarque, que son los minerales del cuerpo humano…? ¿Hasta por qué caracolea Leganés? ¿Quién hurga las heridas, que se busca y se rebusca? ¿Quién es el sabio entre los torpes, y hasta que significado tiene aquello de un reloj de Calle en una plaza?

En cuando el poeta, une letras y palabras -estos ingredientes- y lo que surge, es el poema de mayor o menor calidad, pero social, sí, parece un gazpacho pepinero por leganense, donde las cosas van encadenadas, en su ritmo…

Un Leganés que camina a impulsos naturales, por los vientos, como lo hacen con el barco de vela, como se mueve un molino de viento, aunque ya se que diréis que existen otros, los de agua, ¡ay, el agua, eran, son y serán de lágrimas encadenadas…!

Hay un Leganés perdido

con veintisiete encontrados,

bajo un reloj que gira

millonariamente espeso.

Leganés caracolea, anda

por la senda milenaria

de una avaricia de cuento,

de la que siempre escribimos

tres torpes y un sabio

viejo, que ciegamente,

mete en su herida los dedos,

mete su oído en el aire,

y en los escombros rebusca

por encontrar lo que sabemos:

Oro, plata y cobre…

¡Ay, los minerales del cuerpo…!

Pocas hierbas curativas…

Silba el aire en sus ruinas,

Polvoranca huele a infierno,

Oro, plata, y cobre

de un pequeño Butarque

con sus lágrimas de fuego

por veintisiete encontrados,

que en sus despachos inciertos,

multiplican hojas negras

del Leganés que tenemos.


Leganés, 2 de septiembre de 2009

JOSMAN.


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