lunes, 2 de marzo de 2015

DIOS ESTUVO EN CIEMPOZUELOS EN 1881

Josman.

Antes del café butarqueño, un ejemplo de caridad y de filantropía.

Hay una diferencia entre el viejo Psiquiatrico de Leganés y el de Ciempozuelos, uno fue una orden real, el otro amor al prójimo, yo conozco la historia de éste último, lo he visitado centenares de veces.


La página pública de las Hermanas Hospitalarias dice lo siguiente: "Aquí se hizo realidad la “loca resolución” que tomó el P. Menni de fundar la Congregación para acoger a las mujeres con enfermedad mental y aquí llegaron de Granada, tras una huída nocturna, Mª Josefa Recio y Mª Angustias Giménez, llamadas por Dios a esta obra que dio comienzo el 31 de mayo de 1881. El primer “hogar” hospitalario, que en los orígenes llegó a atender a 1.200 enfermas, hoy es un moderno Complejo asistencial que cuenta con 650 camas"

Yo no comulgo con la Iglesia oficial, pero no cabe duda que Mª Josefa y Mª Angustias, aliviando la locura de una primera paciente, predicaron más Evangelio que la Iglesia oficial en 20 siglos, por eso hoy, en una hipérbole poética, digo que Dios está allí, y lo estuvo en el alma de las dos monjitas en 1881, allí aún, y para siempre, tienen un monolito que preside sus inmensos jardines.

En los hospitales, psiquiátricos y centro de discapacitados, hay que respetar SIEMPRE la intimidad y la imagen de los pacientes, yo solo relato una sensación.

Dios, o mi Dios, no está en los templos, está donde los débiles sufren, por ello en Ciempozuelos,-hospital de mujeres- entre ansiedades y angustias existe una paz muy especial, quien no ha paseado por su jardín , la desconoce.
Sosiego en Ciempozuelos,
es como un beso de otoño,
donde la demencia es paz
a medio camino del cielo,
donde la angustia pasa
como demonio de puntillas.
Donde la ansiedad se mitiga
con tabaco fiscalizado.
Fumo con las pacientes,
yo, también soy un enfermo,
y despisto a mis fantasmas
pelliscándo el óvulo de mi oreja.
Camino con Lidu
en un paseo sin destino...
Y se precipita la noche,
el hedor a una cena cuartelera
me lleva a un ayer miliciano.
La campana de la Iglesia muda,
las aves se esconden, y el ciprés
me dice adiós con ese balanceo
donde Dios habita en días grises...

¿Dónde se forjaron las almas de éstas dos religiosas? Sólo Dios podría responderlo, y quizás lo hizo.

Me emociona recordarlas, y como dijo Cervantes, y ayer lo recordó Gabilondo. VALE.

JOSMAN.
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